A sus 65 años, Paco Chaparro ha reflotado al Betis con canciones y mensajes morales a sus futbolistas, y una forma muy particular de entender el fútbol- 15.03.08 -

CURTIDO EN MIL BATALLAS. Chaparro da instrucciones a sus jugadores en un reciente partido de Liga. / EL CORREO
SUS DATOS
A su edad, la mayoría de los españoles disfrutan de una plácida jubilación. Tranquilos paseos matinales, partidas de cartas, viajes a Benidorm... Él, sin embargo, no responde a este patrón. Al contrario. Es un trabajador a tiempo completo; vive el fútbol, su Betis, las 24 horas del día. A Francisco Chaparro (Sevilla, noviembre de 1942) se le apareció su oportunidad de oro recién cumplidos los 65 años. «Estoy viviendo el sueño de mi vida», confiesa. Fue en diciembre. En otro de sus habituales arranques de fanatismo, el devoto don Manuel Ruiz de Lopera se cargó a Héctor Cúper. Y halló al recambio perfecto en el entonces 'míster' del filial, el hombre que salvó del descenso al cuadro sevillano en la última jornada del pasado curso tras la destitución de Luis Fernández. Con este trotamundos del balompié andaluz, los de Heliópolis han pasado de malvivir en el penúltimo puesto a mirar al descenso con una renta de tres puntos. Decisión acertada, de momento.
Paco Chaparro ha dado aire a los hispalenses con su peculiar carácter. Pero más que táctico, que también, su trabajo ha sido psicológico; una labor que gana enteros en el deporte profesional a una velocidad de vértigo. Cuentan que, en su primer día de entrenamiento, nada más entrar en la caseta, el técnico del barrio de Triana entregó una pulsera con la inscripción 'Tú eres importante para mí' a todos sus jugadores -algunos ya se han desprendido de ella-. A continuación, enchufó la cadena de música y pinchó 'Resistiré' del Dúo Dinámico y 'I will survive (Sobreviviré, en castellano)' de Gloria Gaynor; lemas estimulantes para un vestuario desmoralizado. Y los profesionales captaron el mensaje. «No pedí el cambio porque me acordé de la canción y decidí aguantar y ayudar», confesó el meta Ricardo, roto tras un partido.
Amoldar su carácter
Pero la música -tiene una lista de catorce temas («me gustaría poner a Camarón, pero no sé si los extranjeros están preparados»)- es sólo «la punta del iceberg» para devolver la «autoestima» a sus futbolistas. «Había que hacerles creer», asume. Les entrega, por ejemplo, fichas plastificadas con lecturas del psicólogo argentino Jorge Bucay, de 'El arte de la guerra' -un libro del chino Sun Tzu que versa sobre un guerrero que gana batallas aplicando la psicología-, y del ex futbolista Pep Guardiola. Hay más. Chaparro ha estudiado los métodos de célebres técnicos mundiales. No sólo del ámbito futbolístico, como Juande Ramos, del que fue ayudante. Ha aprendido, entre otros, del estratega Maurits Hendriks, seleccionador nacional de hockey famoso por aplicar la informática, y Pat Riley, ganador de cinco títulos de la NBA. De éste, por ejemplo, extrae la consigna del 'ganador interior', esa persona que todo ser humano llevamos dentro.
Y quizá estos elementos, estas lecciones, le han servido para amoldar su carácter, para dulcificarse. Se dice que del Granada le expulsaron sus pupilos en el curso 2000-01 por «ser demasiado duro». «Aún no ha salido ese Chaparro severo. Yo creo que porque todo le ha ido bien», explica un periodista sevillano. «Ha tenido fama de ser exigente. Áspero y beligerante con las críticas. Demasiado. Incluso se le calificó de violento, de plantarse delante de un jugador y decirle cuatro cosas a la cara. Pero aquí no lo ha hecho», relata otro cronista del Betis: «Quizá le han ayudado sus lecturas», concede. Eso y, como el mismo entrenador reconoce, su experiencia como profesor en el colegio San Francisco de Paula durante más de 22 años.
Claro está que aparte de este trabajo mental y psicológico hay otros factores que han servido para apuntalar la marcha del Betis. El físico, sobre todo. Obsesivo hasta el extremo. «El equipo aguanta más tiempo. El pasado domingo, en Santander, jugó mucho mejor en la segunda parte pese a perder», recoge uno de los periodistas. Y esa obstinación por el trabajo físico también la traslada a su persona.
Y es que su jornada diaria empieza a las seis de la mañana. A las siete ya está en las instalaciones del Betis para correr, alrededor de 15 kilómetros diarios. Le siguen una tabla de abdominales y diversos ejercicios en el gimnasio. A continuación, desayuna y está a tope para la sesión de trabajo con el equipo. Esta rutina, que tiene como último paso el irse a la cama a eso de las diez de la noche, la sigue incluso cuando el conjunto verdiblanco juega lejos de Sevilla. Y este esfuerzo se nota a simple vista: no parece que tenga 65 años. De hecho, le apodan el 'Mick Jagger de Triana'. No se sabe muy bien si por su aspecto juvenil o por su pasión por la música. «Escuchamos las canciones del 'míster' diez veces al día. Y la verdad es que se te pegan», cuenta Capi, un jugador que Chaparro ha sacado del ostracismo y que creció en el Granada a sus órdenes.
«El hombre más feliz»
Era otro época. Finales de los noventa. Un tiempo duro, en continuo periplo por banquillos andaluces. Cádiz, Isla Cristina, Écija... De cada sitio extrajo una experiencia. «En Isla Cristina yo pagaba el campo, allí no cobraba nadie y ascendimos», recordó en una entrevista reciente. «Con el Écija, alquilábamos para entrenar un campo y yo lo regaba, le daba masajes a los jugadores...», rememoró.
Ya es pasado. Como de otro tiempo es su experiencia como futbolista. Lo tuvo que dejar a los 30 años, por una lesión de rodilla. Empezó en el Troya, el equipo de Triana, en otra época bastión de los gitanos de Sevilla. Pronto, Chaparro ingresó en la cantera del Betis. Tenía doce años. Estuvo hasta los 25 y luego en el Rayo Vallecano, Recreativo de Huelva y Extremadura. La mala suerte segó su carrera y decidió dedicarse a los banquillos.
Y ahí sigue. «Con el Betis en mis manos soy el hombre más feliz del mundo», confiesa. Aunque este verano se llevó una gran decepción cuando 'don Manué' optó por Héctor Cúper en lugar de por él. «Tenía la esperanza de que Lopera confiara en él. Y no le gustó nada tener que volver al filial», expresa uno de los cronistas sevillanos.
Un perfeccionista
Pero Chaparro, perfeccionista hasta el extremo, se equivocó. Empezó en el 'B', al que ascendió tras salvar al primer equipo el pasado junio. Pero el destino le guardaba otra ocasión. Y él, por si acaso, la aprovecha. Con el ex jugador Juan Merino como segundo técnico y enlace con la plantilla, este sevillano, que dejó al filial primero en el grupo cuarto de Segunda B y ahora marcha octavo, ha llevado un punto de coherencia al antiguo Villamarín. «Vio, por ejemplo, que la defensa era un desastre y apuntaló el centro del campo con un triple pivote. Nada más llegar, además, hizo tabla rasa con el vestuario. Ha probado a todos y se ha quedado con un 'once' tipo, que ha repetido en las cuatro últimos partidos -no ocurría en el Betis desde 2001-, y tres o cuatro jugadores más», explica uno de los periodistas que siguen al Betis. Y su fórmula dio resultado desde el principio. Ganó el primer partido en Villarreal. Y ha ido escalando. «Nos salvaremos de sobra. Nos faltaba chispa y convencimiento». Él, con sus canciones, sus textos y sus vídeos, se lo ha dado y quizá lo siga haciendo el próximo curso. Chaparro ya se ha postulado. Así que nada de jubilación.
Paco Chaparro ha dado aire a los hispalenses con su peculiar carácter. Pero más que táctico, que también, su trabajo ha sido psicológico; una labor que gana enteros en el deporte profesional a una velocidad de vértigo. Cuentan que, en su primer día de entrenamiento, nada más entrar en la caseta, el técnico del barrio de Triana entregó una pulsera con la inscripción 'Tú eres importante para mí' a todos sus jugadores -algunos ya se han desprendido de ella-. A continuación, enchufó la cadena de música y pinchó 'Resistiré' del Dúo Dinámico y 'I will survive (Sobreviviré, en castellano)' de Gloria Gaynor; lemas estimulantes para un vestuario desmoralizado. Y los profesionales captaron el mensaje. «No pedí el cambio porque me acordé de la canción y decidí aguantar y ayudar», confesó el meta Ricardo, roto tras un partido.
Amoldar su carácter
Pero la música -tiene una lista de catorce temas («me gustaría poner a Camarón, pero no sé si los extranjeros están preparados»)- es sólo «la punta del iceberg» para devolver la «autoestima» a sus futbolistas. «Había que hacerles creer», asume. Les entrega, por ejemplo, fichas plastificadas con lecturas del psicólogo argentino Jorge Bucay, de 'El arte de la guerra' -un libro del chino Sun Tzu que versa sobre un guerrero que gana batallas aplicando la psicología-, y del ex futbolista Pep Guardiola. Hay más. Chaparro ha estudiado los métodos de célebres técnicos mundiales. No sólo del ámbito futbolístico, como Juande Ramos, del que fue ayudante. Ha aprendido, entre otros, del estratega Maurits Hendriks, seleccionador nacional de hockey famoso por aplicar la informática, y Pat Riley, ganador de cinco títulos de la NBA. De éste, por ejemplo, extrae la consigna del 'ganador interior', esa persona que todo ser humano llevamos dentro.
Y quizá estos elementos, estas lecciones, le han servido para amoldar su carácter, para dulcificarse. Se dice que del Granada le expulsaron sus pupilos en el curso 2000-01 por «ser demasiado duro». «Aún no ha salido ese Chaparro severo. Yo creo que porque todo le ha ido bien», explica un periodista sevillano. «Ha tenido fama de ser exigente. Áspero y beligerante con las críticas. Demasiado. Incluso se le calificó de violento, de plantarse delante de un jugador y decirle cuatro cosas a la cara. Pero aquí no lo ha hecho», relata otro cronista del Betis: «Quizá le han ayudado sus lecturas», concede. Eso y, como el mismo entrenador reconoce, su experiencia como profesor en el colegio San Francisco de Paula durante más de 22 años.
Claro está que aparte de este trabajo mental y psicológico hay otros factores que han servido para apuntalar la marcha del Betis. El físico, sobre todo. Obsesivo hasta el extremo. «El equipo aguanta más tiempo. El pasado domingo, en Santander, jugó mucho mejor en la segunda parte pese a perder», recoge uno de los periodistas. Y esa obstinación por el trabajo físico también la traslada a su persona.
Y es que su jornada diaria empieza a las seis de la mañana. A las siete ya está en las instalaciones del Betis para correr, alrededor de 15 kilómetros diarios. Le siguen una tabla de abdominales y diversos ejercicios en el gimnasio. A continuación, desayuna y está a tope para la sesión de trabajo con el equipo. Esta rutina, que tiene como último paso el irse a la cama a eso de las diez de la noche, la sigue incluso cuando el conjunto verdiblanco juega lejos de Sevilla. Y este esfuerzo se nota a simple vista: no parece que tenga 65 años. De hecho, le apodan el 'Mick Jagger de Triana'. No se sabe muy bien si por su aspecto juvenil o por su pasión por la música. «Escuchamos las canciones del 'míster' diez veces al día. Y la verdad es que se te pegan», cuenta Capi, un jugador que Chaparro ha sacado del ostracismo y que creció en el Granada a sus órdenes.
«El hombre más feliz»
Era otro época. Finales de los noventa. Un tiempo duro, en continuo periplo por banquillos andaluces. Cádiz, Isla Cristina, Écija... De cada sitio extrajo una experiencia. «En Isla Cristina yo pagaba el campo, allí no cobraba nadie y ascendimos», recordó en una entrevista reciente. «Con el Écija, alquilábamos para entrenar un campo y yo lo regaba, le daba masajes a los jugadores...», rememoró.
Ya es pasado. Como de otro tiempo es su experiencia como futbolista. Lo tuvo que dejar a los 30 años, por una lesión de rodilla. Empezó en el Troya, el equipo de Triana, en otra época bastión de los gitanos de Sevilla. Pronto, Chaparro ingresó en la cantera del Betis. Tenía doce años. Estuvo hasta los 25 y luego en el Rayo Vallecano, Recreativo de Huelva y Extremadura. La mala suerte segó su carrera y decidió dedicarse a los banquillos.
Y ahí sigue. «Con el Betis en mis manos soy el hombre más feliz del mundo», confiesa. Aunque este verano se llevó una gran decepción cuando 'don Manué' optó por Héctor Cúper en lugar de por él. «Tenía la esperanza de que Lopera confiara en él. Y no le gustó nada tener que volver al filial», expresa uno de los cronistas sevillanos.
Un perfeccionista
Pero Chaparro, perfeccionista hasta el extremo, se equivocó. Empezó en el 'B', al que ascendió tras salvar al primer equipo el pasado junio. Pero el destino le guardaba otra ocasión. Y él, por si acaso, la aprovecha. Con el ex jugador Juan Merino como segundo técnico y enlace con la plantilla, este sevillano, que dejó al filial primero en el grupo cuarto de Segunda B y ahora marcha octavo, ha llevado un punto de coherencia al antiguo Villamarín. «Vio, por ejemplo, que la defensa era un desastre y apuntaló el centro del campo con un triple pivote. Nada más llegar, además, hizo tabla rasa con el vestuario. Ha probado a todos y se ha quedado con un 'once' tipo, que ha repetido en las cuatro últimos partidos -no ocurría en el Betis desde 2001-, y tres o cuatro jugadores más», explica uno de los periodistas que siguen al Betis. Y su fórmula dio resultado desde el principio. Ganó el primer partido en Villarreal. Y ha ido escalando. «Nos salvaremos de sobra. Nos faltaba chispa y convencimiento». Él, con sus canciones, sus textos y sus vídeos, se lo ha dado y quizá lo siga haciendo el próximo curso. Chaparro ya se ha postulado. Así que nada de jubilación.

